La orina y otros indicadores fiables para saber si el nivel de hidratación es el adecuado
Estar correctamente hidratado es fundamental: beber agua es importante, pero no lo único. (GTRES) Para saber si se está bien hidratado ha de vigilarse la orina, que además puede ser un indicador de enfermedades según su color. El número de veces que se orina en un día y el color de ésta bastan para dar respuesta a dicha cuestión. Otros factores a tener en cuenta son la edad, peso, altura, sexo y del tipo de vida, ya que todos condicionan el uso que realiza el cuerpo de los líquidos. Los primeros síntomas de una deshidratación suelen ser la fatiga o el dolor de cabeza. No todo es beber agua, también se puede errar en el cálculo de la hidratación sufriendo una pérdida de sales minerales y de sodio.
Estar correctamente hidratado es fundamental para la salud y más en las fechas de calor que tenemos por delante. Estamos ante una cuestión más importante de lo que se cree ya que una deficiente hidratación es la responsable de numerosos ingresos hospitalarios e incluso de una considerable cifra de fallecimientos, muchos de los cuales se podrían evitar. Desde Eroski Consumer proporcionan un método para conocer si se está haciendo una correcta hidratación y explican cuánta agua se necesita y por qué no todo es agua a la hora de hidratar. Cuánta agua beber Recordar que debemos beber suficiente agua a lo largo del día parece obvio y, sin embargo, el 70% de las personas reconoce que no alcanza los dos litros que el Observatorio de Hidratación y Salud (OHS) recomienda beber en circunstancias normales. Muchos se escudan en que están atentos a la sed, o en que se hidratan a través de los alimentos u otros líquidos. Incluso hay quienes abogan por beber sólo cuando se tiene sed. Ambas posibilidades tienen sus fundamentos, porque cada individuo tiene necesidades diferentes. Según las circunstancias de salud o enfermedad, la necesidad de agua y líquidos varía. Si la orina es amarilla ocre o más oscura, y no se están tomando vitaminas o medicamentos que la afecten, se debe aumentar la ingesta de aguaSea como sea, es importante para evitar riesgos adquirir el hábito de tener el agua a mano, sobre todo, en circunstancias excepcionales: días con mucho calor, cuando se realiza un esfuerzo físico extraordinario, si se es una persona mayor o cuando se está convaleciente, si se ha pasado una gastroenteritis o fiebre. Sabido esto, uno mismo, sin necesidad de protagonizar un capítulo de golpe de calor, puede testar si el agua y la ingestión de líquidos que hace al cabo del día alcanzan la cantidad correcta. La orina, un indicador muy fiable Para saber si estamos bebiendo la suficiente cantidad de agua y líquidos, o si incluimos alimentos ricos en agua que garantizan una correcta hidratación, debemos vigilar la orina. Es importante comprobar que orinamos, al menos, en cuatro ocasiones desde la mañana a la noche, así como asegurarse de que el color es amarillo pálido o claro. Si la orina es amarilla ocre o más oscura, y no se están tomando vitaminas o medicamentos que la afecten, se debe aumentar la ingesta de agua en dos vasos diarios durante cinco días hasta conseguir orinar al menos en cuatro ocasiones y lograr una pérdida de color y de olor. Otros factores a tener en cuenta A la observación de la orina, hay que añadir la conciencia de la propia realidad. Es decir, saber que los factores de la edad, del peso, de la altura, del sexo y del tipo de vida condicionan el uso que realiza el cuerpo del agua, así como la demanda de hidratación que precisa para mantener el ritmo. Una persona muy activa, que hace mucho gasto calórico, necesita mayores cantidades de agua para estar bien hidratada; una persona que lleve una vida sedentaria, al margen de condiciones atmosféricas, precisará mucha menos. Hay que tener en cuenta que el primer signo de deshidratación es la sed, pero se puede no atender esa sed y olvidar la sensación y persistir la deshidratación. Puede padecerse dolor cabeza y fatiga, ante lo que deberíamos tomar la costumbre de beber dos vasos de agua, por si acaso. Si la deshidratación es severa, o el cuerpo está más débil y acusa más la desatención, pueden presentarse capítulos de taquicardias, escalofríos, náuseas e incluso llegar al desvanecimiento. Esto, por supuesto, hay que evitarlo, pero conviene saber que puede llegarse a este extremo y tomar medidas para que no suceda. ¿Cuánta agua hay que beber? La cantidad de agua depende de la persona y de sus circunstancias físicas y ambientales (edad, actividad, temperatura, etc.). Lo principal es no olvidar que hay que beber agua. Habrá quienes estén acostumbrados a tomar varios vasos al día y alcancen la mítica cifra de dos o incluso tres litros, quienes limiten su ingesta a las cinco comidas o quienes deban recordar la importancia de beber un vaso, puesto que dejan pasar las horas y no tienen sed. Todos podrán superar con éxito el test de la orina. Pero hay que tomar agua en la vida cotidiana. Un buen hábito para comenzar el día es beber un gran vaso y una pieza de fruta. Así, con ese sencillo gesto, se garantiza una buena base de hidratación. Si se altera la vida habitual, el ambiente e incluso la actividad cotidiana, seguro que también se variará la necesidad corriente de agua, por ello habrá que estar atento. Lo normal es que con los cambios aumente la necesidad de ingerir líquidos, lo que es una buena excusa para incrementar el consumo de frutas, verduras y preparados refrescantes. Las sopas son un modo de tomar más líquidos con sabor, y en el verano se puede optar por ofrecer a los niños sopas frías, batidos de frutas, sopas de fruta o un gazpacho recién hecho y servido bien fresco. Hidratación, no todo es agua Que el agua no es la única fuente de hidratación se entiende mejor si se mira su anverso, la deshidratación. Se puede tener un episodio de deshidratación por una pérdida de agua o una pérdida mayor de electrolitos (sobre todo, sodio). Una deshidratación por pérdida de agua suele ser consecuencia de una insolación, un capítulo febril, un caso de gastroenteritis o la desatención a la sed. Se habrá desatendido la correcta hidratación por no haber tomado la suficiente agua ni suficientes líquidos. Pero también se puede errar en el cálculo de la hidratación sufriendo una pérdida de sales minerales y de sodio. No tiene que ocurrir, salvo si se padece gastroenteritis o se trabaja en condiciones extremas de calor o frío, o se equivoca y no se atiende la demanda de sales al efectuar ejercicio físico. Cinco gestos que ayudan a hidratar 1. Empiece el día con un vaso de agua y llénese un botellín de agua. Según sus hábitos, lléveselo con usted y bébaselo a lo largo del día, o déjelo en casa y recuerde terminárselo antes de ir a la cama. 2. En verano, coma dos frutas al día, una ración de verdura cocida (como plato o guarnición) y mordiscos de verdura cruda. 3. Establezca el hábito de identificar un momento de descanso con beber un vaso de agua. 4. Elija bebidas naturales antes que las azucaradas, y las infusiones, mejor que el café. 5. Reflexione sobre la conveniencia de utilizar agua embotellada, comprar una jarra filtradora o colocar un filtro en su grifo. Tal vez de esta manera tome mayor conciencia y afinidad a beber agua.
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"Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres se lo debo al fútbol", escribió el filósofo y novelista Albert Camus. Durante un partido de fútbol, los jugadores deben tomar muchas decisiones. No sólo tácticas, sino también morales. El jugador siente un ligero golpe del contrario y puede optar o no por simular una agresión. Puede acatar o protestar desmesuradamente una decisión errónea del árbitro. O tiene que decidir si vale la pena seguir presionando, ya que su equipo pierde por goleada y quedan dos minutos para que acabe el partido. A la vez que piensa si remata a puerta o no, toma decisiones en función de valores como la honestidad, el respeto al contrario o la importancia del esfuerzo.
Muchos entrenadores de equipos de fútbol infantiles trabajan los valores de sus jugadores a la vez que les preparan técnica y tácticamente. Saben que hay valores que les ayudarán a rendir más en el terreno de juego. Saben que un niño que ha aprendido el valor del esfuerzo durante los entrenamientos estará más preparado para dar el cien por cien cuando el partido lo exija. Pero, al fin y al cabo, un partido de fútbol es sólo un partido de fútbol. Los entrenadores son conscientes de que, al fomentar los valores de los más pequeños en el terreno de juego, les preparan para algo mucho más importante que marcar o evitar un gol. Les preparan para la vida.
"Los niños están en un periodo de formación clave en el que absorben todo lo que pasa a su alrededor", señala Pablo Jodra, director de la Unidad de Psicología Aplicada al Deporte de la Universidad Autónoma de Madrid. "Interiorizan lo que les enseñan figuras de referencia como sus padres y sus entrenadores. La clave para enseñar valores es que los padres y los entrenadores prediquen con el ejemplo". Es fundamental que el entrenador sea disciplinado si quiere transmitir el valor de la disciplina o que respete al árbitro si quiere que sus pupilos hagan lo mismo. Y que los padres defiendan los mismos principios. Porque, en ocasiones, los padres que acuden a ver los partidos de sus hijos no son un buen ejemplo. "Insultan al árbitro o ridiculizan a los rivales. Estas cosas pasan –comenta Pablo Jodra–. Y es una lástima. Por mucho que el entrenador se esfuerce en comunicar valores como el respeto al contrario, si los padres no hacen lo mismo, de poco servirá".
El fútbol ayuda a que los niños interioricen los valores adecuados gracias al ejemplo que perciben en las personas que son importantes para ellos. Y a la constancia de ponerlos en práctica una y otra vez. Porque hay que muscular los valores del mismo modo que las piernas. "Con un trabajo diario", apunta Pedro Marcet, director pedagógico de la Fundación Marcet, una escuela de fútbol que es mucho más que un centro en el que los niños mejoran su golpeo de balón o su capacidad para sortear rivales. "Tenemos un programa para trabajar un valor cada mes. Los niños ven películas o leen noticias que les permiten crear un debate con el entrenador sobre estos temas. Por ejemplo, en el caso de la honestidad pueden debatir sobre un jugador famoso que ha recibido una tarjeta amarilla por simular un penalti".
Una de la ventajas de entrenar los valores es que mejora el rendimiento deportivo de los niños. "Si les ayudas a enfrentarse a las frustraciones, al hecho de perder un partido o de que el árbitro puede cometer un error, están más centrados en el terreno de juego y sacan lo mejor de ellos mismos", afirma David Fernández, entrenador en las categorías inferiores del RCD Espanyol. "Porque tú no puedes controlar si vas a ganar o perder. Pero sí que puedes tener muy interiorizado el valor de asumir responsabilidades. Así que, cuando el equipo vaya perdiendo, habrá niños que darán un paso adelante para intentar remontar el partido. Estarán entrenados para ello".
Y, más importante, los valores que se aprenden jugando a fútbol tienen una repercusión positiva en la vida de los niños. "Siempre y cuando –insiste Jaume Cruz, catedrático de psicología del deporte de la Universitat Autònoma de Barcelona–, los padres y otras figuras de referencia estén en sintonía con los valores de los entrenadores. Porque se aprenden con el ejemplo y practicándolos con regularidad en todos los ámbitos de la vida".
El trabajo en equipo
"El fútbol es un deporte de equipo, pero si echas a un balón a un grupo de niños pequeños, verás que van a la suya", apunta Jaume Cruz. Algo normal y sano si tienen 5 o 6 años. Han de pasar (no instalarse) por una etapa egocéntrica. Como señala Pablo Jodra, "en un equipo debes aprender a colocarte en función de los demás. El niño se da cuenta de que si un compañero pierde la posición, él debe cubrirle. Y aprende a confiar en que su compañero hará lo mismo por él. Es el valor de la disciplina y del trabajo en equipo. Otra gran lección para la vida cuando tengan que hacer trabajos en grupo en la escuela, por ejemplo".
Orden e higiene
En la Fundación Marcet trabajan estos dos valores. "Nos parece básico que los niños lleven el uniforme limpio y la camiseta por dentro o que sean ordenados en el vestuario", explica Pedro Marcet, que recuerda a unos padres muy agradecidos "porque su hijo era un desastre en casa, con el orden y su higiene personal, y mejoró mucho cuando estuvo con nosotros".
Respeto por lo demás
"El fútbol no es ir a la ópera. Pero una cosa es gritar para animar a tu equipo y otras es insultar al árbitro o reírte del contrario", señala Jaume Cruz. "Uno de los valores que mejor se pueden trabajar es el respeto –considera Pablo Jodra–. Por ejemplo, enseñando a los niños a que cuiden su lenguaje y se dirijan al contrario y al árbitro con educación".
Encajar las frustraciones
Hay que aceptar que la vida depara muchas decepciones, grandes o pequeñas. Igual que un partido de fútbol, en el que se puede perder ya que, como dicen los sabios de este deporte, el rival también juega. "Los padres no dejan que sus hijos hagan siempre lo que les viene en gana. Tienen que ponerles límites", comenta Pablo Jodra. "El fútbol te enseña a perder, porque antes o después pierdes. Y, además, te obliga a seguir un reglamento. Tienes unos límites".
Asumir responsabilidades
En un equipo siempre hay algún jugador que, o por su capacidad técnica o por el respeto que transmite, es el líder del vestuario. "Ser capaz de asumir responsabilidades es una actitud fantástica para la vida. Cuando un niño es elegido capitán de su equipo, asume responsabilidades –comenta Pedro Marcet–. Para reforzar este valor, decimos a sus padres que quizás le pueden dar más responsabilidades en casa".
La importancia del esfuerzo
"Perdono que no se acierte en el campo, pero no que no se esfuercen". Este es el aviso que lanzó Pep Guardiola a sus jugadores el 17 de junio del 2008, día de su presentación como técnico. El resto es historia: tres Ligas, dos Champions... con una forma de jugar sublime. "Esfuerzo" es una palabra que, dice Jaume Cruz, no está suficientemente valorada hoy día. "Vivimos en una sociedad que, en general, prefiere recompensas rápidas. Creo que es importante que los niños aprendan el valor del esfuerzo. El fútbol puede ayudar en este sentido, porque sin esfuerzo no ganas los partidos y la recompensa llega al final del partido y de la temporada, tras mucho tiempo de entrenamiento". Además, interiorizar este valor proporciona otro beneficio interesante. "Te quita el miedo a perder. Tú no puedes controlar si vas a ganar o perder. Pero puedes controlar tu esfuerzo. Al centrarte en el esfuerzo, das lo mejor de ti".
La verdad por delante
Frank Ordenewitz es un exdelantero alemán que llegó a ser internacional alemán con el Werder Bremen. En un partido contra el Colonia, en 1988, golpeó el balón con la mano, pero el árbitro señaló saque de esquina. Ante las protestas de los jugadores del Colonia, el árbitro preguntó a Ordenewitz qué había sucedido. Este, en un arrebato de honestidad inusual en un campo de fútbol, reconoció que había sido penalti. Y su equipo perdió el partido. "No se debe ganar a cualquier precio –señala David Fernández–. No me gusta que mis jugadores simulen una falta". El engaño permite conseguir un objetivo a corto plazo. "Pero no es la mejor inversión a largo plazo –opina Pedro Marcet–. Enseñamos a los niños que una de las cosas que más les van a ayudar en la vida es que los demás confíen en ellos. Y para eso tienen que ser honestos".
Disfrutar de la vida
"Salid y divertiros". Es lo que recomendó Johan Cruyff, técnico del Barça (1988-1996), a sus jugadores antes de disputar la final de la Copa de Europa en 1992. No fue mal consejo, porque, finalmente, levantaron la primera Copa de Europa del conjunto azulgrana. Para Jaume Cruz, "el valor de la diversión es el que mejor captan los niños, sobre todo los más pequeños, cuando juegan a fútbol. Pueden acabar un partido y no saber quién ha ganado". Porque juegan por la diversión. Un valor, el de saber disfrutar, que vale la pena aplicar a otras esferas de la vida. "Divertirse es lo primero. Así que yo aconsejaría a los padres, por ejemplo, que cuando su hijo llegue a casa tras un partido no le pregunten si ha ganado. Creo que es mejor que le pregunten: ¿Te lo has pasado bien?".
Pero también hay que saber ganar
"Puede ser complicado gestionar el éxito en edades precoces", explica David Fernández, que trabaja en una de las canteras que más jugadores profesionales aporta. Los niños que juegan en las categorías inferiores de equipos como el Barça, el Madrid o el Espanyol han sido elegidos porque son mejores que los demás. "Y pueden ganar muchos partidos con gran superioridad. Por eso, les enseñamos a llevar con naturalidad esta situación. No pueden faltar al respeto al rival aun venciendo por goleada. Les inculcamos que, por muchos partidos que ganen, eso no garantiza que vayan a vencer en el siguiente. No ganan porque sean buenos, sino porque se esfuerzan en cada partido".
Muchos entrenadores de equipos de fútbol infantiles trabajan los valores de sus jugadores a la vez que les preparan técnica y tácticamente. Saben que hay valores que les ayudarán a rendir más en el terreno de juego. Saben que un niño que ha aprendido el valor del esfuerzo durante los entrenamientos estará más preparado para dar el cien por cien cuando el partido lo exija. Pero, al fin y al cabo, un partido de fútbol es sólo un partido de fútbol. Los entrenadores son conscientes de que, al fomentar los valores de los más pequeños en el terreno de juego, les preparan para algo mucho más importante que marcar o evitar un gol. Les preparan para la vida.
"Los niños están en un periodo de formación clave en el que absorben todo lo que pasa a su alrededor", señala Pablo Jodra, director de la Unidad de Psicología Aplicada al Deporte de la Universidad Autónoma de Madrid. "Interiorizan lo que les enseñan figuras de referencia como sus padres y sus entrenadores. La clave para enseñar valores es que los padres y los entrenadores prediquen con el ejemplo". Es fundamental que el entrenador sea disciplinado si quiere transmitir el valor de la disciplina o que respete al árbitro si quiere que sus pupilos hagan lo mismo. Y que los padres defiendan los mismos principios. Porque, en ocasiones, los padres que acuden a ver los partidos de sus hijos no son un buen ejemplo. "Insultan al árbitro o ridiculizan a los rivales. Estas cosas pasan –comenta Pablo Jodra–. Y es una lástima. Por mucho que el entrenador se esfuerce en comunicar valores como el respeto al contrario, si los padres no hacen lo mismo, de poco servirá".
El fútbol ayuda a que los niños interioricen los valores adecuados gracias al ejemplo que perciben en las personas que son importantes para ellos. Y a la constancia de ponerlos en práctica una y otra vez. Porque hay que muscular los valores del mismo modo que las piernas. "Con un trabajo diario", apunta Pedro Marcet, director pedagógico de la Fundación Marcet, una escuela de fútbol que es mucho más que un centro en el que los niños mejoran su golpeo de balón o su capacidad para sortear rivales. "Tenemos un programa para trabajar un valor cada mes. Los niños ven películas o leen noticias que les permiten crear un debate con el entrenador sobre estos temas. Por ejemplo, en el caso de la honestidad pueden debatir sobre un jugador famoso que ha recibido una tarjeta amarilla por simular un penalti".
Una de la ventajas de entrenar los valores es que mejora el rendimiento deportivo de los niños. "Si les ayudas a enfrentarse a las frustraciones, al hecho de perder un partido o de que el árbitro puede cometer un error, están más centrados en el terreno de juego y sacan lo mejor de ellos mismos", afirma David Fernández, entrenador en las categorías inferiores del RCD Espanyol. "Porque tú no puedes controlar si vas a ganar o perder. Pero sí que puedes tener muy interiorizado el valor de asumir responsabilidades. Así que, cuando el equipo vaya perdiendo, habrá niños que darán un paso adelante para intentar remontar el partido. Estarán entrenados para ello".
Y, más importante, los valores que se aprenden jugando a fútbol tienen una repercusión positiva en la vida de los niños. "Siempre y cuando –insiste Jaume Cruz, catedrático de psicología del deporte de la Universitat Autònoma de Barcelona–, los padres y otras figuras de referencia estén en sintonía con los valores de los entrenadores. Porque se aprenden con el ejemplo y practicándolos con regularidad en todos los ámbitos de la vida".
El trabajo en equipo
"El fútbol es un deporte de equipo, pero si echas a un balón a un grupo de niños pequeños, verás que van a la suya", apunta Jaume Cruz. Algo normal y sano si tienen 5 o 6 años. Han de pasar (no instalarse) por una etapa egocéntrica. Como señala Pablo Jodra, "en un equipo debes aprender a colocarte en función de los demás. El niño se da cuenta de que si un compañero pierde la posición, él debe cubrirle. Y aprende a confiar en que su compañero hará lo mismo por él. Es el valor de la disciplina y del trabajo en equipo. Otra gran lección para la vida cuando tengan que hacer trabajos en grupo en la escuela, por ejemplo".
Orden e higiene
En la Fundación Marcet trabajan estos dos valores. "Nos parece básico que los niños lleven el uniforme limpio y la camiseta por dentro o que sean ordenados en el vestuario", explica Pedro Marcet, que recuerda a unos padres muy agradecidos "porque su hijo era un desastre en casa, con el orden y su higiene personal, y mejoró mucho cuando estuvo con nosotros".
Respeto por lo demás
"El fútbol no es ir a la ópera. Pero una cosa es gritar para animar a tu equipo y otras es insultar al árbitro o reírte del contrario", señala Jaume Cruz. "Uno de los valores que mejor se pueden trabajar es el respeto –considera Pablo Jodra–. Por ejemplo, enseñando a los niños a que cuiden su lenguaje y se dirijan al contrario y al árbitro con educación".
Encajar las frustraciones
Hay que aceptar que la vida depara muchas decepciones, grandes o pequeñas. Igual que un partido de fútbol, en el que se puede perder ya que, como dicen los sabios de este deporte, el rival también juega. "Los padres no dejan que sus hijos hagan siempre lo que les viene en gana. Tienen que ponerles límites", comenta Pablo Jodra. "El fútbol te enseña a perder, porque antes o después pierdes. Y, además, te obliga a seguir un reglamento. Tienes unos límites".
Asumir responsabilidades
En un equipo siempre hay algún jugador que, o por su capacidad técnica o por el respeto que transmite, es el líder del vestuario. "Ser capaz de asumir responsabilidades es una actitud fantástica para la vida. Cuando un niño es elegido capitán de su equipo, asume responsabilidades –comenta Pedro Marcet–. Para reforzar este valor, decimos a sus padres que quizás le pueden dar más responsabilidades en casa".
La importancia del esfuerzo
"Perdono que no se acierte en el campo, pero no que no se esfuercen". Este es el aviso que lanzó Pep Guardiola a sus jugadores el 17 de junio del 2008, día de su presentación como técnico. El resto es historia: tres Ligas, dos Champions... con una forma de jugar sublime. "Esfuerzo" es una palabra que, dice Jaume Cruz, no está suficientemente valorada hoy día. "Vivimos en una sociedad que, en general, prefiere recompensas rápidas. Creo que es importante que los niños aprendan el valor del esfuerzo. El fútbol puede ayudar en este sentido, porque sin esfuerzo no ganas los partidos y la recompensa llega al final del partido y de la temporada, tras mucho tiempo de entrenamiento". Además, interiorizar este valor proporciona otro beneficio interesante. "Te quita el miedo a perder. Tú no puedes controlar si vas a ganar o perder. Pero puedes controlar tu esfuerzo. Al centrarte en el esfuerzo, das lo mejor de ti".
La verdad por delante
Frank Ordenewitz es un exdelantero alemán que llegó a ser internacional alemán con el Werder Bremen. En un partido contra el Colonia, en 1988, golpeó el balón con la mano, pero el árbitro señaló saque de esquina. Ante las protestas de los jugadores del Colonia, el árbitro preguntó a Ordenewitz qué había sucedido. Este, en un arrebato de honestidad inusual en un campo de fútbol, reconoció que había sido penalti. Y su equipo perdió el partido. "No se debe ganar a cualquier precio –señala David Fernández–. No me gusta que mis jugadores simulen una falta". El engaño permite conseguir un objetivo a corto plazo. "Pero no es la mejor inversión a largo plazo –opina Pedro Marcet–. Enseñamos a los niños que una de las cosas que más les van a ayudar en la vida es que los demás confíen en ellos. Y para eso tienen que ser honestos".
Disfrutar de la vida
"Salid y divertiros". Es lo que recomendó Johan Cruyff, técnico del Barça (1988-1996), a sus jugadores antes de disputar la final de la Copa de Europa en 1992. No fue mal consejo, porque, finalmente, levantaron la primera Copa de Europa del conjunto azulgrana. Para Jaume Cruz, "el valor de la diversión es el que mejor captan los niños, sobre todo los más pequeños, cuando juegan a fútbol. Pueden acabar un partido y no saber quién ha ganado". Porque juegan por la diversión. Un valor, el de saber disfrutar, que vale la pena aplicar a otras esferas de la vida. "Divertirse es lo primero. Así que yo aconsejaría a los padres, por ejemplo, que cuando su hijo llegue a casa tras un partido no le pregunten si ha ganado. Creo que es mejor que le pregunten: ¿Te lo has pasado bien?".
Pero también hay que saber ganar
"Puede ser complicado gestionar el éxito en edades precoces", explica David Fernández, que trabaja en una de las canteras que más jugadores profesionales aporta. Los niños que juegan en las categorías inferiores de equipos como el Barça, el Madrid o el Espanyol han sido elegidos porque son mejores que los demás. "Y pueden ganar muchos partidos con gran superioridad. Por eso, les enseñamos a llevar con naturalidad esta situación. No pueden faltar al respeto al rival aun venciendo por goleada. Les inculcamos que, por muchos partidos que ganen, eso no garantiza que vayan a vencer en el siguiente. No ganan porque sean buenos, sino porque se esfuerzan en cada partido".

