martes, 10 de noviembre de 2015

Tapar con un trapo el jamón es un disparate. Errores al comerlo en casa

Nos lo llevamos a casa y entonces... cómo cortarlo, dónde ponerlo, con qué marida, cómo conservarlo, a qué temperatura...

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Tomarlo con pan o solo. Los expertos coinciden en que está tan bueno que es mejor comerlo solo. / ISTOCK
Tomar la decisión de despedirse para siempre de manjares como salchichas, embutidos y el bacon no es tarea fácil. Estos alimentos, sobre los que la Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de pronunciarse asegurando que pueden ser cancerígenos, han sido nuestros compañeros de vida desde pequeños, proporcionándonos siempre grandes momentos de intenso placer. En plena polémica y con el mundo dividido entre quienes se apresuran a hacerse vegetarianos y los que daríamos cualquier cosa por salvar al menos a los ibéricos de esta caza de brujas, hablamos con tres personalidades de referencia: el maestro jamonero Arturo Sánchez, heredero de una larga tradición familiar y productor de derivados del cerdo ibérico en Guijuelo; el experto y premiadísimo cortador Anselmo Pérez, y Josep Pedró, propietario de las charcuterías gourmet La Garriga. Lo que nos interesa saber es cómo debemos elegir un buen jamón y cómo tenemos que tratarlo y comerlo cuando lo tenemos en casa.
1. La temperatura perfecta: no comerlo frío. “Todo depende de si el jamón está recién cortado o de si hablamos de un paquete en el que está envasado al vacío. Cuando ya está precortado, para que toda la calidad del producto se manifieste, se tiene que consumir a una temperatura ambiente óptima de 24º, aproximadamente. Como la bolsa habrá estado en el frigorífico a 2 o 4 ºC, lo mejor es pasarla por el grifo de agua caliente o meterla en un bol para atemperarla hasta que la grasa se ponga transparente. Después, hay que dejarla reposar un minuto más o menos antes de abrirla para consumirlo a continuación. Nunca va a estar como el jamón recién cortado, pero está al 90 % en iguales condiciones”, explica Arturo Sánchez. Josep Pedró coincide, pero apunta que si no hay prisa es mejor todavía dejar que se atempere a temperatura ambiente durante una hora antes de consumirlo. “El problema viene cuando a determinados restaurantes se les ocurre calentar el plato y se les va la mano”, añade.
2. Si lo dejas mucho tiempo parecerá bacalao incomible.“Desde que se corta, y siempre y cuando estemos en una habitación con una temperatura que no supere los 25 ºC, el tiempo ideal que hay dejar pasar antes de degustarlo es de unos diez minutos. Eso siempre que sea un buen jamón, puesto que la grasa se oxigena y sabe mejor”. La recomendación de Arturo Sánchez es rotunda: cuando el jamón no es tan bueno, entonces hay que comérselo rápidamente porque si no se seca enseguida y aflora la sal. “Hay jamones que cuando los dejas un rato en el plato parecen bacalao y son incomibles”, apostilla.
3. A la hora de comprarlo, ¿mejor la pata izquierda o la derecha? “Se habla mucho de que el jamón de pata izquierda es mejor, pero no es cierto. En teoría esto tendría que ver con el lado sobre el que duerme el animal, siendo sobre el que reposa más tiempo el que mejor se desarrolla. Pero en realidad los animales duermen unas veces sobre un lado y otras sobre otro, indistintamente, con lo cual no hay diferencia ninguna”, zanja Arturo.
Antonio Resines, Antonio Molero y Jesús Bonilla, protagonistas de la serie 'Los Serrano'. Ver la serie con un buen jamón era lo más...
4. Los jamones de hembras son mejores: mentira. Según Arturo, “esta es otra de las creencias más extendidas y también es mentira". "Los cerdos machos que se crían para jamones son castrados para que no desarrollen hormonas como la testosterona, que sí que influye en cómo se desarrolla la fibra”, añade.
5. ¿Lonchas o tacos? A Arturo Sánchez le gustan las dos. “La forma de cortarlo es de lo más importante. La loncha tiene que ser fina, casi transparente y que se pueda meter de golpe en la boca. Para sacar todo lo que está pegado al hueso, cuando no se puede hacer lonchas, entonces lo mejor es hacer tacos”. Anselmo Pérez, quien ha ganado el premio Cuchillo de Oro en varias ocasiones, precisa además: “Hay dos partes que se suelen destinar a tacos. Una es el magro que se pega al fémur del jamón. Esta es la peor parte del jamón y se hace en tacos precisamente por eso. Las zonas que tienen vetas no se hacen tacos sino lonchas. La otra son los jarretes, que están entre la tibia y el peroné. Ese trocito tiene bastantes tendones y es difícil de cortar, por eso se hace en tacos cuando no se sabe trabajar bien. Los profesionales lo hacemos lonchas porque ese trozo tiene un sabor especial pero la gente, en su casa, lo suele cortar en tacos y está muy bueno”.
6. Qué no, que no sirve cualquier cuchillo. Sobre el tema del corte, no hay secretos para Anselmo Pérez: No sirve cualquier cuchillo. Si hablamos de hacer las cosas bien, el equipo básico de corte consiste en un cuchillo jamonero, que es largo y flexible; una puntilla para limpiar las cortezas y perfilar los huesos, y también una chaira [una especie de cuchillo cilíndrico alargado con estrías] para asentar el filo de los cuchillos. Si solo utilizamos el cuchillo jamonero, estaremos estropeando su filo cuando lo usamos para cortezas y oxidaciones y luego no nos servirá bien para sacar las lonchas. Aparte, los cortadores profesionales tenemos maletines con doce cuchillos, pero eso ya es otra historia…”
7. Lo del trapo blanco no es buena idea. “Cuando veo en algún restaurante o en alguna casa que tienen el jamón cubierto solo con el famoso trapo blanco me pongo malo. La mejor manera de taparlo es con la propia grasa, que tenemos que guardar precisamente para eso cuando abrimos el jamón. Así no se oxida y perfectamente puede aguantar un mes”. No obstante, podemos ser más cuidadosos todavía con la recomendación de Anselmo Pérez: “Taparlo con su propio tocino está bien, pero lo que sucede es que a los pocos días, cuatro o cinco, ese tocino se oxida y transmite sabores de rancio. Por eso, lo más adecuado es ir limpiando el jamón cada vez que se corte eliminando los trozos de cortezas exteriores. Y, mejor todavía es cubrirlo con papel film bien pegado porque así conseguimos aislarlo del aire y evitar el proceso de oxidación. Después, y entonces sí, pero siempre encima del film, se puede poner un trapo para protegerlo de la luz”.
El maestro jamonero Arturo Sánchez muestra el poder de su producto.
8. Servirlo en un plato de colores mata al jamón. Anselmo Pérez no lo duda ni un segundo: “En plato blanco siempre. El blanco de fondo resalta el color rojo del jamón mientras que el tocino sobre el fondo de la pizarra negra se pega y se ve transparente. Lo mata. Sin duda, el jamón está siempre mucho más apetecible sobre un plato blanco. La pizarra está muy bien para la cocina de vanguardia, pero no para el jamón”.
9. El jamón ibérico no marida con todo. “Combina mejor con algunas bebidas, como el buen vino, claro. No obstante, yo no soy muy fundamentalista con ese tema y estoy muy a favor de las nuevas modas de tomarlo con champagne o con gin-tonics. Cada quien que haga lo que quiera pero que lo disfrute”, comenta Arturo Sánchez.  Josep Pedró, sin embargo, disiente: “Con un vino blanco o un champagne a mí me gusta mucho más porque te limpia el paladar a cada trago y te permite volver a saborear el jamón de una forma mucho más intensa”.
10. ¿Qué significa ese precinto negro? “Significa que es un jamón o una paleta de bellota de un cerdo ibérico puro. Si no es cien por cien ibérico, entonces el precinto será rojo. El verde es para los de cebo de campo y el blanco para los jamones de cerdos de cebo”, explica Arturo. Obviamente, el de bellota de cerdo ibérico puro es el de mejor calidad, y el de cerdo de cebo el menos bueno.
11. No lo guardes en la cocina. “La verdad es que la cocina no es el mejor sitio para tenerlo, porque es la zona de la casa en la que suele hacer más calor y donde se generan olores que pueden afectar al jamón. Por eso, en casi todas las casas, sería mejor tenerlo en el salón”, explica Josep Pedró.
12. ¿Mejor solo o con pan? A Josep Pedró, como es de origen catalán, le encanta con pan tumaca, pero reconoce que es un producto tan bueno que lo mejor es comerlo tal y como se corta. Arturo Sánchez y Anselmo Pérez también lo recomiendan solo.
Javier Bardem, rodeado de ibéricos en la racial 'Jamón, jamón' (1992), de Bigas Luna, donde coincidió con su actual pareja, Penélope Cruz.
13. ¿Qué hago si soy un desastre con el cuchillo? Si no sabes cortarlo, antes que destrozarlo, los tres especialistas recomiendan dejarlo en manos de un profesional. Se puede llevar a una tienda para que lo corten y lo envasen al vacío.Un jamón abierto en tres meses no vale nada. No todo el mundo lo sabe. Por eso, cada año nos traen más jamones a nosotros. Los cortamos y los envasamos en paquetes de 100 o 250 gr., que se pueden ir consumiendo durante un año y medio en condiciones óptimas. Nosotros cobramos un fijo 35 € por el deshuese y el corte y después 90 céntimos por paquete. Para evitar confusiones, al recepcionar tantos jamones, lo que hacemos es numerarlos y luego se entrega todo: huesos, paquetes loncheados y la propia etiqueta del jamón con ficha de cliente”, explica Pedró.
14. No tirar nunca los huesos. Ya se ha terminado el jamón y ahora solo queda el esqueleto. Cuidado: ni se le ocurra tirarlo. “ Como bien saben todas las abuelas, con los huesos se puede hacer una buena sopa”, apunta Josep Pedró.
15. ¿Le puedo dar jamón ibérico a mi sobrino pequeño?Josep Pedró lo tiene claro: “Por supuesto. En mi opinión no hay una edad definida para empezar a consumirlo. Cuando el niño empieza a comer de todo, pues adelante. El jamón forma parte de nuestra cultura y tiene muchas propiedades beneficiosas comprobadas científicamente, por mucho que ahora la OMS diga lo que diga. De hecho, sobre este tema, tendrían que aclarar muchas cosas, porque lo que han contado lo han dejado tan en el aire que la gente, por suerte, no se lo está tomando en serio. Por lo menos, a nosotros no nos está afectando en nada por ahora”. Arturo Sánchez, con su herencia familiar, no puede estar más de acuerdo: “Yo he crecido comiendo jamón y otros ibéricos como salchichón y chorizo. Y así lo he hecho con mis hijos y están felices”.

domingo, 25 de octubre de 2015

Germán Velásquez: "El 80% de los fármacos sólo tratan, en vez de curar, para ser rentables para la industria"

El asesor especial del Centro del Sur para las áreas de Salud y Desarrollo afirma que España fue "engañada" por la farmacéutica que distribuye el fármaco contra la Heptatis C y que se zanjó la polémica con una "solución política, pero no real". Exrepresentante de la OMS, será investido hoy Doctor Honoris Causa por la Universidad Complutense de Madrid. 

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El filósofo y economista Germán Velásquez, durante la entrevista./ A. F.
MADRID.- Germán Velásquez (Manizales, Colombia, 1948) trabajó durante más de 20 años en la Organización Mundial de la Salud (OMS) y acabó diciendo de ella que se ha "privatizado". Sin embargo, su investigación y lucha  por el acceso a los medicamentos esenciales le llevó a coordinar el programa de acción sobre medicamentos de esta organización. Ahora es asesor especial en el Centro del Sur, una organización con sede en Ginebra formada por 54 países en vías de desarrollo. Precursor en el debate sobre la mercantilización de la salud, será investido Doctor Honoris Causa por la Universidad Complutense de Madrid este lunes. A poco más de un mes para que empiece la campaña electoral en España, Velásquez advierte a los políticos de que, por suerte, la sociedad civil es más consciente que nunca de cuáles son sus derechos: "Hoy en los países del sur mueren miles de personas por no tener acceso a la sanidad. En España, antes que los ciudadanos paguen de su bolsillo el 100% del precio de los fármacos, cae el Gobierno".

La UCM le inviste Doctor Honoris Causa por ser "una de las voces más críticas frente al inmovilismo de los Gobiernos en cuanto al problema de acceso a medicamentos” y por denunciar “la pérdida de independencia y de credibilidad de los organismos internacionales”. ¿Cómo interpreta este reconocimiento?

En cierta forma, es un reconocimiento a una causa, más que a una persona. Yo represento una lucha compartida con mucha otra gente contra la limitación en el acceso a medicamentos en los países del sur y, hoy en día, incluso en los países del norte. Esta distinción me llega en un momento muy importante para mí porque, después de 25 años de trabajo en este campo, me doy cuenta de que la solución no puede venir de la ONU —donde hay una superficialidad brutal y poca elaboración a nivel conceptual— ni de los gobiernos, porque son miopes y buscan soluciones a corto plazo a pesar de que en salud pública no se pueden hacer milagros en dos o tres años. Los políticos tratan de quedarse en el poder pero no buscan soluciones que puedan durar muchos años porque ya no estarán en el poder. Por lo tanto, la única solución está en la academia. La universidad puede encontrar soluciones a la falta de acceso a los medicamentos en el sur y, recientemente, en Europa.

¿De qué manera?

Construyendo otros modelos que permitan una investigación con una rentabilidad sana y garantizando el acceso. El sistema actual consiste en investigar con fondos públicos o privados, patentarlo todo y vender los fármacos a un precio altísimo que puede significar una restricción en el acceso. Tenemos que encontrar un esquema en el que no haya que pasar por el sistema de patentes, en el que el medicamento esté en el dominio público y pueda venderse a precios competitivos. La universidad puede demostrar a los Estados y a los organismos internacionales que hay otros modelos posibles para hacer investigación de una forma rentable pero logrando que todas las personas puedan acceder a ella.

¿Por qué la industria farmacéutica sigue anteponiendo sus intereses económicos a la salud pública sin recibir castigo alguno?

Históricamente, la industria farmacéutica, que es bastante joven, no tiene ni 100 años, estaba formada por empresas familiares supervisadas por los gobiernos nacionales. Pero cuando se generaliza el sistema de patentes, la industria ya estaba concebida como un mecanismo con ánimo de lucro cuya filosofía es, en primer lugar, ganar dinero y, eventualmente, curar o tratar a algunas personas. Así, se desarrollaron unos monstruos gigantescos que hoy son transnacionales, es decir, que sobrepasan la nación no sólo en capitales y tamaño, sino en la capacidad de supervisión de los Estados.
"La industria farmacéutica, como está constituida hoy en día, es enemiga de la salud pública"

Aunque ha denunciado el "capitalismo especulativo" de la industria y su "afán de lucro inmediato", niega que sea, como se dice a veces, un "enemigo" de las farmacéuticas.

Efectivamente, no soy un enemigo de la industria farmacéutica. Pero es que la industria farmacéutica, como está constituida hoy en día, es enemiga de la salud pública. La industria farmacéutica logra unos beneficios —del orden del 20%— que no los tiene ni la industria financiera, del armamento o del automóvil. Como muchos medicamentos secuestrados bajo una patente durante 20 años, el fabricante pone el precio que quiere y, normalmente, no tiene nada que ver con el costo de producción. El director general de Gilead, la firma que desarrolla el medicamento que cura la Hepatitis C y que se vende en EEUU por 82.000 dólares (el tratamiento de 12 semanas) dijo en una entrevista que fijó el precio teniendo en cuenta que un trasplante de hígado (a lo que puede conducir esta enfermedad) cuesta casi 100.000 dólares.

En España, el Gobierno acordó pagar 25.000 euros a la farmacéutica por cada tratamiento de Sovaldi

Eso fue una solución política, no una solución real. En 2008, el Gobierno español prohibió endeudarse a las comunidades autónomas sin el permiso del Gobierno central. Lo que pasó con la compra del medicamento contra la Hepatits C es que el Gobierno levantó ese veto, pero eso no quiere decir que las comunidades vayan a endeudarse ni que sea razonable hacerlo. El gobierno francés y el español negociaron a la vez con la farmacéutica, pero España llegó a un precio de 25.000 euros y Francia, de 45.000. Esto es un engaño. Cuando uno hace un negocio y gana el doble o el triple, puede decirse que es un buen negocio. Pero si algo que te cuesta menos de 200 euros —el costo del tratamiento de 12 semanas contra la Hepatitis— lo vendes a 82.000 dólares en EEUU... eso no es un buen negocio, sino un fraude. Es la misma filosofía de un perfume: se vende a un precio terriblemente elevado y lo compra una minoría porque no hace falta que lo compre la mayoría de la población. Sería trágico para Dior que todo el mundo se perfumara con el mismo perfume. Casi es igual de cínico lo que pasa con los medicamentos. Por otra parte, el gobierno de España, como cualquier otro miembro de la Organización Mundial del Comercio (OMC), tiene el derecho de retirar la patente del medicamento contra la Hepatitits C para que lo produzca cualquiera. Se llama licencia obligatoria, pero los Estados no lo hacen porque hay muchas presiones de las farmacéuticas y presiones directas del Gobierno de EEUU para que no se hagan licencias obligatorias a sus firmas privadas. De una manera política, se protegen los intereses de las firmas privadas.
"El Gobierno de España, como cualquier otro miembro de la OMC, tiene el derecho de retirar la patente del medicamento contra la Hepatitits C para que lo produzca cualquiera"

En este contexto, ¿se justifican las patentes?

Sería simplista decir que no se justifican y que hay que quitarlas mañana. Pero lo que sí se puede decir es que las patentes, como están siendo utilizadas hoy, no se justifican porque se usan de manera irresponsable. En un año salen entre tres y cinco productos innovadores; sin embargo, se otorgan varios cientos e incluso miles de patentes farmacéuticas. Hay muchos medicamentos bajo patente que no son innovación y que deberían estar en el dominio público y ser comercializados en competencia para que los precios bajaran. Habría que poner orden y hacer más transparente y riguroso el sistema de patentes para que sólo unos medicamentos, muy pocos, puedan tener una patente y que el Estado dé la posibilidad a quien lo inventó de recuperar su inversión. Pero esa remuneración no puede ser tan elevada que bloquee el acceso. Hay que combinar innovación con acceso porque ¿de qué sirve innovar en medicamentos si la gente no puede acceder a ellos?

Usted ha escrito que la sociedad contemporánea tiene capacidad técnica y financiera de producir medicamentos que salven millones de vidas. ¿Quién no está haciendo su trabajo?

Todos somos un poco culpables. Los Estados son culpables de haber tolerado este desorden. La industria está especulando con la vida de las personas y los organismos internacionales, como la OMS, son culpables de no fijar las reglas del juego.

¿Qué solución propone?

Hacer un tratado internacional vinculante y que todos los países que lo firmen aprueben una ley en sus respectivos parlamentos. La OMS tiene la capacidad de negociar tratados vinculantes, pero en sus 65 años de historia sólo lo ha hecho una vez. Fue la convención marco contra el tabaco y es evidente que fue una decisión increíblemente eficaz. La OMC elabora reglas de comercio internacional que son decisiones vinculantes, de aplicación obligatoria. En cambio, en salud pública no hay leyes, todo son recomendaciones. Es absurdo. Debería hacerse un tratado vinculante que se negocie en Ginebra y que cada país, en función de su PIB, apruebe una contribución para crear un fondo común con el que se investigue de tal manera que el fruto de la investigación esté en el dominio público, no haya que patentarlo y que, por tanto, esté al servicio de los países ricos y pobres.
"Es absurdo que en salud pública no haya leyes, sino sólo recomendaciones"

¿Qué papel juegan los genéricos en este escenario?

El genérico es un aliado de los sistemas de salud. En África, el 99% de los antirretrovirales son medicamentos que vienen de la India, genéricos. Pero todos los nuevos medicamentos están secuestrados por la patente, tienen que esperar 20 años y para un enfermo de sida es demasiado tiempo. Hay que dejar claro que los genéricos no son fundaciones filantrópicas ni Hermanitas de la Caridad; son negociantes, están haciendo dinero. Pero su filosofía es producir grandes cantidades de medicamentos a precios bajos para que puedan adquirirlos la mayor parte de la población. No es la filosofía del perfume; el genérico tiene una filosofía más conforme a un criterio de salud pública.

En los últimos años, España ha introducido el copago, ha privatizado hospitales y ha limitado el acceso a la sanidad a los inmigrantes. Todo, según el Gobierno, para ahorrar. ¿Qué le parece?

Me parece un retroceso triste e inadmisible porque España no ha recortado en gasto, sino en derechos y eso no es sano. En las últimas dos décadas, nos han vendido que el Estado despilfarra y no es eficiente, y que por eso hay que entregarle la gestión sanitaria a empresas privadas. Pero si privatizamos un hospital corremos el riesgo de que se convierta en una empresa con ánimo lucrativo antes que en un servicio público. Hay que introducir eficiencia administrativa, pero ¿quién ha dicho que el sector público no pueda hacerlo?

¿Es posible recuperar lo que hemos perdido?

Sí, pero es necesaria más transparencia en el proceso de investigación y desarrollo de los medicamentos. El sistema sanitario es un servicio público que tiene que ser rentable, pero su objetivo principal debe ser investigar para ayudar a la sociedad a mantenerse saludable o a curarse de una enfermedad. Debe haber una agenda de investigación en función de las enfermedades reales de la gente. Hoy se investigan enfermedades que pueden ser rentables y si no es una enfermedad, se crea. Por ejemplo, el trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH) en los niños. Es una enfermedad que se ha creado porque supone un negocio rentabe: son medicamentos sobre patentes que deben administrarse durante un largo tiempo. La industria farmacéutica dejó de hacer medicamentos para curar. Hoy el 80% de los medicamentos que hay en el mercado son para tratar. Los fármacos contra el sida, para la hipertensión, la diabetes o contra enfermedades cardiovasculares deben tomarse toda la vida. Si sacamos un medicamento contra el cáncer de mama, en vez de un tratamiento, estaremos matando el negocio porque al cabo de un tiempo perderemos un cliente. El Estado tendría que exigir que los medicamentos nuevos curen o prevengan.
"Hoy se investigan enfermedades que pueden ser rentables y si no es una enfermedad, se crea"

Es más rentable "matar" a la persona que "matar" el negocio.

En parte, sí. A la industria farmacéutica lo que menos le preocupa es el paciente. Trata de asegurar sus beneficios. Un estudio de la revista Lancet que analiza los 70 medicamentos contra el cáncer que fueron puestos en el mercado en los últimos 10 años en EEUU demuestra que su único beneficio es prolongar la vida del paciente una media de dos meses. Algunos de estos fármacos cuestan hasta 100.000 dólares. Son ejercicios de especulación que no podemos permitirnos.

¿En qué país podemos fijarnos en materia sanitaria?

Sobre todo, en el norte de Europa. En los países nórdicos están atravesando la misma crisis financiera que España y no les ha dado por privatizar hospitales, están buscando otras soluciones. Y luego está el excesivo consumo de fármacos. El consumo de medicamentos en EEUU es 1.000 dólares por habitante al año. En Dinamarca, es de 300 dólares, una tercera aparte. Y no podemos decir que los americanos tengan mejor salud que un danés, un holandés o un sueco. En España, el consumo es de 600-700 euros al año, un consumo desproporcionado.

5 cosas que mejoran a los 50

ATHENA IMAGE


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Existen muchos estereotipos negativos relacionados con la edad, como la crisis de los cuarenta o dejar de estar en la flor de la vida. Es fácil pensar que todo va a empezar a decaer con los años.
Pero, según la ciencia, nada es tan malo como parece. Echa un vistazo a cinco cosas que mejoran con la edad:
1. Se tienen menos migrañas
Los que las padecen saben que no hay nada peor que el dolor ardiente, las náuseas y la sensibilidad que producen las migrañas. La buena noticia es que probablemente puedas despedirte de esta visita no deseada a medida que vayas cumpliendo años. Según ciertos neurólogos, la edad media de aparición de las migrañas es 20 años y suelen empezar a desaparecer unos 25 años después. De hecho, según un estudio llevado a cabo por científicos suecos, en sujetos con una media de edad de 55 años, las migrañas tendían a desaparecer en el 30% de los casos durante los 12 años que duró el estudio. Alrededor del 80% de los que todavía sufrían migrañas afirmaban que tenían menos ataques y el 50% declaraban que los ataques duraban menos que antes. Según la asociación Migraine Trust, un 40% de los sufridores de migrañas dejan de tener ataques a los 65 años.
2. El pelo aguanta limpio más tiempo
Para los hombres y las mujeres con el pelo largo, puede ser un tostón tener que mantener sus melenas con champús, acondicionadores y tratamientos semanales. Es incluso peor si tienes el pelo graso o si utilizas un arsenal de productos para el cabello, dejándotelo débil y lacio. La buena noticia, especialmente para aquellos con el pelo graso, es que nuestras glándulas sebáceas encogen con la edad, es decir, se segregará menos grasa en el cuero cabelludo, lo que se traduce en menos lavados. Puede que esta falta de grasa reseque el pelo; si es el caso, siempre se puede aplicar aceite capilar —como el aceite de argán— en las puntas.
3. Se sufren menos resfriados
¿Te acuerdas de cuando eras joven y bastaba con que te sentaras cerca de alguien que tosiera y estornudara para contagiarte el resfriado? Bien, pues eso se acabó. Según la American Lung Association, los adultos contraen de dos a cuatro resfriados al año, mientras que los niños contraen de seis a ocho. En el caso de los adultos de más de 60 años, se contrae alrededor de un resfriado al año. A medida que te vas haciendo mayor, tu cuerpo va desarrollando inmunidad a más virus, lo que se traduce en menos días de enfermedad.
4. Los dientes no son tan sensibles
Según un estudio del Centro Nacional de Biotecnología de Estados Unidos, la sensibilidad dental es común principalmente en personas de 20, 30 y 40 años. Según la American Dental Association, los nervios de los dientes se vuelven menos sensibles a las caries y a otros problemas dentales, por lo que tendremos menos incomodidades en el día a día.
5. Te sientes más feliz
La vida siempre tiene altibajos, pero, lejos de caer en picado a partir de los 50, la felicidad describe una curva con forma de U a lo largo de la vida. Según un sondeo, el nivel de tristeza llega a su máximo en torno a los 50 pero, una vez pasada la frontera, las preocupaciones empiezan a disminuir y aumenta la felicidad, dándole la vuelta a la tortilla. De hecho, según este estudio que publicaba The New York Times, los mayores de 85 años decían ser más felices ahora que con 18 años. Lo que demuestra que aún queda mucho por lo que estar ilusionado.

domingo, 18 de octubre de 2015

10 beneficios de caminar

Te contamos cómo, cuándo, por dónde y a qué velocidad hacerlo.

Con un simple paseo diario se benefician tus articulaciones y músculos; combates enfermedades como la hipertensión y la diabetes; y aún hay más: también se benefician tu salud emocional y mental. Tanto si caminas 30, 40 ó 60 minutos al día, obtendrás todos estos beneficios; pero insistimos, hay que practicarlo a diario.
– Fortaleces los músculos del corazón. Activas la circulación de todo el organismo y ayudas a estabilizar tu presión arterial. Caminando reduces colesterol, mantienes bajo control el nivel de glucosa en sangre y, por tanto, previenes o mejoras la diabetes.
– Mantienes joven tu cerebro, porque lo oxigenas y así mejoras tu memoria, atención y concentración; reduces estrés y ansiedad y alivias el insomnio y la depresión. Al aire libre y en la naturaleza, tu cerebro segrega serotonina, con lo cual calmas tu sistema nervioso y levantas el ánimo.
– Mejoras tu capacidad pulmonar y fortaleces tu aparato respiratorio. Si padeces de asma, no uses esa excusa. Al contrario, utilízalo como acicate.
– Mejoras el sistema músculo-esquelético.Aumentas la flexibilidad y el tono muscular de todo el cuerpo, especialmente piernas, glúteos y abdomen, pero también espalda y brazos. Fortaleces los huesos y articulaciones y aumentas la densidad ósea. Y si hace sol, tu sistema inmunitario, tu estado de ánimo y tus huesos se llenarán de vitamina D.
– Activas el metabolismo y adelgazas. A paso ligero, segregas adrenalina, con lo cual aumentas el ritmo cardíaco y el gasto calórico, y activas tu metabolismo. Reduces el apetito y quemas calorías (en unos 30 minutos, a 4 kilómetros por hora, quemas 230 kilocalorías, y a 8 kilómetros por hora, tu gasto energético puede llegar a las 400). Y sigues quemando calorías incluso después del ejercicio, porque la adrenalina sigue circulando por la sangre hasta varias horas después. Además alivias el estreñimiento, ya que no sólo mueves las piernas, mueves también los intestinos; y eliminas toxinas y combates la flacidez y la celulitis.
– Estimulas los sentidos. Mira, huele, toca, escucha, siente la brisa, el sol, la lluvia,… Descubre la belleza en todo lo que te rodea. Camina en silencio, con atención plena, o si prefieres, con tu música favorita.
– Aumentas tu energía porque activas la circulación y suministras oxígeno a cada célula de tu cuerpo. Al terminar tu paseo, te sentirás con energía y ganas de hacer cosas, vital y positivo.
– Es fácil y barato. Basta con invertir en un buen calzado adecuado para este ejercicio, que no supone un gran esfuerzo y que cualquiera, independientemente de su edad o de su forma física, puede hacer. No valen excusas.
– Es inspirador y fomenta tu creatividad. Al relajar tu mente, puede que te lleguen brillantes ideas para solucionar problemas y para tomar decisiones.
– Y ayudas al planeta entero porque contribuyes a reducir la contaminación. Si no vives lejos de tu trabajo, levántate y anda. Evitarás atascos y problemas a la hora de buscar un aparcamiento.
Desde traumatólogos hasta cardiólogos, pasando por ginecólogos y endocrinos, e incluso psiquiatras, y todos los nutricionistas, conocen estos beneficios y por eso nos lo recomiendan tanto.   Pero ¿cómo, cuándo, por qué, sobre qué terrenos, durante cuánto tiempo, a qué velocidad?
– ¿Cómo? Vigilando tu postura; evitando las prisas y las tensiones musculares; manteniendo tu espalda recta y relajada, y mirando hacia delante. Bebe agua antes, durante y después del ejercicio. Utiliza ropa cómoda y holgada -mejor si es de algodón-, y un calzado adecuado; sin bolsos a ser posible; con una pequeña mochila te será suficiente; lo ideal es ir con manos libres y -esto no te va a gustar- sin móvil.
– ¿Cuándo? Cuando quieras, y siempre que puedas. Por la mañana, a buen ritmo, activarás tu energía. Antes de comer, eliminarás energía negativa y calmarás tu aparato digestivo. Si eliges hacerlo tras una comida pesada, espera una hora antes de caminar. Por la tarde o al anochecer, un paseo tranquilo nos calma y nos ofrece un sedante natural para dormir.
– ¿Por qué? Está claro. Por todos los beneficios que hemos mencionado.
– ¿Sobre qué terrenos? Descalzo sobre la arena de la orilla del mar, o sobre hierba o por caminos y senderos, o si no hay más remedio, por asfalto. También puedes dar paseos por la oficina; aumentarás el flujo sanguíneo de tus piernas dedicando tan sólo unos minutos cada dos horas.
– ¿Durante cuánto tiempo? Tu salud general se beneficiará igualmente si dedicas 30 minutos al día como si dedicas 60. Pero si puedes caminar una hora diaria, hazlo. Si de verdad no te resulta posible, al menos 30 minutos en días alternos.
– ¿A qué velocidad? A tu ritmo, según tu capacidad torácica y tu resistencia física. Por ejemplo, paseos cortos e intensos de 10 minutos a buena marcha, para activarte; o paseos largos y lentos para relajarte; o a 8 kilómetros por hora para quemar calorías. Puedes elegir velocidades y estilos desde el “power walking”o caminata poderosa, pasando por la marcha nórdica, hasta el estilo zen meditativo.
Power walking: si lo que quieres es quemar grasa pero no te gusta correr. Requiere ciertas condiciones físicas, y se realiza a paso apresurado.
Nordic walking o marcha nórdica: actividad que respeta en todo momento la naturalidad y fluidez del cuerpo evitando posturas forzadas o antinaturales. Es un deporte de resistencia que se practica con la ayuda de bastones. Existen cursos e incluso maratones de esta modalidad.
Mindful walking o meditación caminando:  Tal y como nos explica Thich Nhat Hanh “en la meditación caminando, caminamos tan sólo por disfrutar caminando. Caminar sin llegar, sin deseo, sin finalidad. Caminamos por el placer de caminar; de disfrutar de un banquete de paz”.